Se acurrucó en la cama. Pudo sentir como la madera vieja crujía y le entró miedo. Miedo de crujir ella también por dentro. Se sentía rota y así no había quien construyera cualquier cosa significante. Entonces arrancó a llorar al compás de la música que salía de su viejo mp3 de color gris. Cogió el cojín muy fuerte, como si fuera ella, y lo estrujó como nunca lo había estrujado, como si ese simple gesto fuera a recomponer todas sus partes rotas...
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